Más adelante cuando relea el blog es posible que pueda distinguir si las fotos fueron tomadas con desgana y poco tiempo, si el plato fue de los de "guardar" para cenas o almuerzos del soñado hotelito rural, la que fue un alarde o un galanteo, o un grito, un regalo. Podré rememorar en ellas parte de mi vida, las épocas frías, las de ardientes deseos, la estacional-casual, las de relleno. Las recetas que reasigné rescatándolas del ayer, las que inventé o copié azuzada por alguien. Otras no tendrán calificativo al haber pasado por la cocina y por la vida sin pena y con la única gloria del que repite lo aprendido.
Hay días que miro atrás y decido archivar alguna en estas hojas. Pero me doy cuenta que ya su momento pasó. Se fué hasta que vuelva a refrescarla un momento similar.
Definitivamente cocino según el ánimo, además de los productos de estación, el mercado y mi disposición. Pero el cómo estoy, qué me arrebata, inspira, aburre, el qué deseo, marca lo que llena la mesa y la bandeja. No sé si a todo el mundo pasará, yo me tengo que confesar definitivamente emocional y ciclotímica hasta en ésto.
Por eso hoy no sé qué subir. Amaneció un día de sol lluvioso, espectacular. "Navidad" esta mañana se acurrucaba en su lugar del muro bajo el aguacate, y me dio que pensar que justo era el reflejo de su pelo amarillo el que tintaba la lluvia fina y mansa de ese color. Cerca de la casa, el agave mayor se despendoló en un penacho de apretadas flores casi blancas, donde las abejas liban y a las arañas se les altera la glucemia de las panzadas que se dan con ellas, y débiles este año pero tan rojas como siempre, las pascuas anuncian diciembre.
A ver, a ver, que mire... sí, puedo decirlo: ¡qué feliz soy! Pero no tengo preparado un plato para hoy, uno que refleje mi propia y única felicidad, la que no depende de nada ni de nadie, la que sale de dentro y de la paz. Busqué un vals que me hiciera bailar, animoso pero relajado y entre lo hecho últimamente, quizá escogería la crema de anoche, pero no, no... mejor algo que traiga el recuerdo del sol en invierno, sí. Exactamente eso: sol de invierno es lo que me marca hoy.
VASITO SOL DE INVIERNO
- Bizcochos (yo usé de esos duritos para hacer tiramisú, no sé como se llaman, pero igual vale un resto de bizcocho casero)
- Confitura de mangos
- Ron miel
- Espuma: Yogur natural, Queso de tarrina -tipo SMillán o Filadelfia-, Huevo, Azúcar o miel
En la base del vasito (creo que son fabricados antes de yo nacer) desmenuzar bizcocho y remojar bien en ron miel, por supuesto aconsejo el de fabricación isleña "Aldea", de San Andrés y Sauces. Sobre estos, confitura de mangos y para rematar un par de cucharadas de espuma con sabor a yogur y queso, y espolvoreo de canela, y en otros que no se ven: canela y coco rallado.
La espuma la hice mezclando la yema de un huevo con 1/3 de tarrina de queso más azúcar al gusto. Le añadí 1 yogur natural previamente escurrido en un pañito blanco para que soltara todo el suero. Esta crema la fui "envolviendo" en una clara a punto de nieve con su pizca de sal y su poquito de azúcar.
Colorista, fresco dirían algunos y suave. Y es que qué culpa tenemos nosotros de que el mango tropical madure a estas alturas del año? Así sólo queda aprovechar, y poner un poco de sol tropical en este frío y lluvioso casi invierno.