28 noviembre 2008

POR ENTONCES ERA JUNIO (Berenjenas Szechuan)



Por entonces era junio, sí, lo recordaba bien, vísperas de la fiesta de San Antonio.
La gente comenzaba a aligerarse de ropa, las señoras a pasear a última hora de la tarde antes de darse un chapuzón en la playa. La Avenida se llenaba de gente, las chicas ya mostraban pieles bronceadas, y los chicos marcaban brazos en sus camisas nuevas.

El parecía de fuera. Con pelo largo y pecas, con un leve dorado apenas. Lo vio algunas veces cuando paseaba por la Calle Real, él sentado en la terraza del Bar. A veces con un moño mal hecho, otras con sombrero de paja. Risueño y dulzón, con camisas blancas y pantalón de lino.
Desde que lo vio, su mundo cambió. Seguramente porque era el momento, a lo mejor estaba escrito en las estrellas. Durante meses se acompañaron a pasear Calle Real arriba, Avenida abajo, y otra vez volver a empezar.
A veces la melancolía le nublaba la vista y le tocaba a ella tirar. Esos días él solía pararse en la tienda de la esquina y observar un estuche malva y oro con cintas amarillas, que estaba en el escaparate. Dentro 6 pares de palillos con símbolos chinos.
Siempre que lo veía mirar se decía "ésto se lo he de regalar para que nunca deje de sonreír". Así pasó S. Pedro, Las Nieves, La Concepción, La virgen del Pino. El verano se acabó, el moreno empezó a desaparecer y él cambió sus sombreros panamá por otras gorras de punto.

A veces seguía parándose en el escaparate de la tienda de regalos pero ya ella casi nunca podía leer en sus ojos. Mientras le hablaba, él se quedaba perdido en cualquier detalle entre los adoquines de la calle o en lo destartalado del reborde de un balcón. Mirando los aviones y los barcos se pasaba horas. Dejó de querer adentrarse en la isla, que ella lo acompañara, que le hablara siquiera.

Un día sin más ya no estuvo en la puerta de la Pensión La Cubana. Durante un tiempo ella continuó haciendo el mismo recorrido, pero las pocas veces que lo encontró, el bajó la mirada y cambió de acera. Dentro se le fueron acumulando las palabras que no le dijo, los besos y regalos que no le dio, y en su casa los dulces que guardó en una lata de lata para probarlos juntos.

Bien entrado aquel otoño, sin saber porqué, se dio cuenta que su presencia siquiera al otro lado de la acera, y esos fugaces encuentros de lejos le incomodaban. Entonces no supo que hacer con tanto como tenía guardado dentro. Se levantó una mañana para ver amanecer desde el muelle, volvió a desayunar en su lugar de siempre, y a mitad de bocadillo sintió la necesidad de salir corriendo. Cuesta arriba, hasta lo más alto de la Cumbre para no ahogarse si subía la marea de sentimientos. Todo aquel día de peregrinaje llovió. Se mojó. Andó kilómetros hasta cansarse. Al final de los pasos, aquella ermita. Entró. Encendió en el petril de lámparas ocho, diez, doce, y a la luz de las velas lloró. "¿Porqué lloras?" le había preguntado él una vez hacía mucho tiempo en otro lugar parecido "¿Qué sientes?" Ella entonces le dijo que paz, él dijo que era amor, y las manos las tuvo llenas.

¿Ahora porqué lloraba otra vez? Será amor también que permanece entre las paredes de algunos edificios, pensó. "Tiene que ser eso", mientras las lágrimas enjuagaban el rojo, dorado y azul de las pinturas del pequeño altar. Es tan hermoso, pensó.
La música clásica sonaba sólo para ella y se agarró las manos vacías.

A la vuelta a casa, pasó por la misma venta de la esquina, entró como pensó hacerlo los meses de aquel verano y compró aquel estuche de palillos que ya nunca le daría. Estaba próximo el final de noviembre.


BERENJENAS SZECHUAN


Para comer con palillos, una receta de Guru Masala. http://cocinaorientalgurumasala.blogspot.com/2008/08/berenjenas-al-estilo-de-szechuan.html
De sabor impecable, deliciosa. Yo tuve que hacerle un par de cambios por exigencias de mi entorno. No tenía la salsa de soja picante, así que usé un trocito de pimienta palmera seca al sofreir con la verdura (es fuertecita sin llegar a ser picona), y en lugar de completar con cebolleta que no se encuentra en el mercado, sumé puerro a los ingredientes.

Tuve un fallo gordo y es que aunque las berenjenas las dejé un instante pequeñísimo al vapor, ya estaba pasada para mi gusto. Esa textura fofa en la boca no la soporto. Pero sabor del conjunto es ... uhmmmmmmmmmmm.. delicioso.

Más tarde subiré cómo aproveché lo que sobró y que realmente tiene todo el sabor esencial del plato.

Espero que Guru no se enfade por cambiar sus recetas y por presentarlas aunque no tengan que ver con la pinta de la que él subió.

11 comentarios:

Carmen dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Carmen dijo...

Se ven deliciosas Adormidera!!!!! me encantan esos cuenquitos azules.. ;)

Sabes? me despiertas mucha dulzura leyéndote, eres expresiva al límite.

Un besín y buen finde.

No cambies jamás.

Juan dijo...

Hola Adormidera. Hoy no te quiero dar la tabarra. Creo que tus berenjenas deben estar fabulosas, pero no se si me acabarían gustando. Todo sería cuestión de probar porque la berenjena es una de las cosas que más me gusta.
Saludos

martuki dijo...

Hola!aquí me tienes otra vez, viendo tus berenjenas aderezadas con esa bonita historia.Qué bonito es leerte!!un beso.

Marhya dijo...

Qué bonito relato! Me ha gustado mucho. Y luego esas berenjenas que recuerdan a los días de verano, aquí mientras a través del cristal veo caer la nieve.
Estoy deseando ver qué hiciste con las que te sobraron.
Besitos.

Adormidera dijo...

CARMEN,
algunas cosas me vendría bien cambiarlas, pero no sé si estaré en edad aún.
La dulzura la portas tú, si yo hago que se despierte y te ocupe, debo pensar que es algo positivo que se produce sin saber.
Muchas gracias por estar y buen fin de semana para ti.
Un besazo enorme y muchas gracias.

JUAN,
¿no te gusta la cocina con un toquito oriental?
El sabor es realmente bueno, pero claro, para gustos están los colores. Hay tantísimas cosas por probar...
Y, por cierto, tú no me das la tabarra nunca. Me meto contigo cariñosamente pero conste que aprecio tu "fidelidad" y que en cierto sentido, tú y las otras dos mosqueteras me azuzan un poco para seguir en momentos de media altura de la montaña rusa.
Espero no haberte molestado con mis comentarios. Nada más lejos de mi intención.
Un abrazo

Adormidera dijo...

MARTUKI, ya sabes que tu sitio está, estos días tengo una tetera siempre dispuesta, y aunque no tengo fogones como los vuestros, poniendo los pies sobre la alfombra y acurrucándose en el abrigo, uno puede estar. jajajajaja. Un besito, niña, me da gusto leerte.

MARHYA,
si yo te contara lo bonita que fue esa historia...
En cuanto a las berenjenas, es que a mí me siguen llegando. Como el año pasado, mi hermano las recoge hasta bien entrado el frío. Espero no le queden ya más, porque ya no sabría qué más hacer con ellas.
Un besote cálido para esta noche que seguro será heladora por ahí.

picapusa dijo...

Tu historia me pone melancólica, debe ser el otoño.
Pero que bien cuentas las cosas !!

el plato me gusta , me gustan los toques orientales aunque me cuesta encontrar ciertas salsas y productos,y chica, que soy mediterránea y el orégano , el aceite de oliva, la menta, y cosas así tampoco están nada mal..., la pinta desde luego es de estar rico.

un beso y un abrazo.

Adormidera dijo...

PICANIÑA, probar cosas nuevas no está reñido con la preferencia por lo mediterraneo-atlántico. Como tú, yo mi oreganito, mi laurel, mi tomillo y mi hortelana no lo dejo aparcado. Ni siquiera soy, ahora que lo pienso, de adoptar definitivamente cosas de fuera. No, puedo hacer intentos puntuales con algo, mezclar hoy venezolano con italiano, sabiendo que no es lo habitual. Pero no voy a intentar meterle soja a nuestro mojo de cilantro, por ejemplo... jajajajjaja

Eso sí, esa mezcla de salsas de esta receta me priva. Y nada que ver con el sabor "a lo salsa de ostras" de los restaurantes chinos (aquí no hay de otra nacionalidad). Está rico, rico.

Adormidera dijo...

En cuanto a la historia, Pica... será el otoño. (un guiño)

Guru Masala dijo...

Hola guapa!

Que buena pinta tus berenjenas.

No me importa nada que "copies" mis recetas. Al contrario, no son mías, son de quien las haga suyas.

Eso si, con mucho amor, belleza y cariño.

Muchisimos besos,

Guru Masala